vie 5a. Ordinario año impar (Id=138)
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Antífona de Entrada

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Ustedes serán como dioses, pues conocerán el bien y el mal

Lectura del libro del Génesis
3, 1-8

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y dijo a la mujer:
"¿Así que Dios les dijo que no comieran de ninguno de los árboles del huerto?"
La mujer respondió a la serpiente:
"Podemos comer el fruto de los árboles del huerto; sólo nos prohibió Dios, bajo amenaza de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto".
La serpiente contestó a la mujer:
"¡De ningún modo morirán! Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que coman se les
abrirán los ojos y serán como Dios, conocedores del bien y del mal".
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y
deseable para adquirir sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se taparon con ellas.
Oyeron luego los pasos del Señor Dios que se paseaba por el huerto al fresco de la tarde, y el hombre y su mujer se escondieron de su vista entre los árboles del huerto.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 131, 1-2.5.6.7

Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.

Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta su falta, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.

Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: "Confesaré al Señor mis culpas", y tú perdonaste mi falta y mi pecado.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.

Por eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia, y aunque se desborden las aguas caudalosas, no los alcanzarán.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me inundarás de alegría en la liberación.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.

Aleluya.

Evangelio

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 31-37

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y se dirigió de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar y le suplicaban que impusiera sobre él la mano. Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo:
Effetá!" (que significa: ábrete).
Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. El les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo proclamaban. Y tremendamente admirados decían:
"Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Dios nuestro todopoderoso, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

La gloria de Dios es el hombre viviente

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno por Cristo, Señor nuestro.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que participáramos todos. Siendo él de condición divina, se despojó de su rango, y por su sangre derramada en la cruz puso en paz a todas las cosas; y así, constituido Señor del universo, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en él.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Como busca el venado corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Con tu palabra, Señor, y con tu pan del cielo alimentas y vivificas a tus fieles; concédenos que estos dones de tu Hijo nos aprovechen de tal modo que merezcamos participar siempre de su vida divina.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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